La Paz

jueves, 27 de septiembre de 2012


“Paz”, es una palabra que ha sonado, que se ha escuchado siempre, en toda la historia de la humanidad. La razón principal, porque generalmente se relaciona a la guerra, a los conflictos, las peleas y riñas de todo tipo. Y en nuestros días la relacionamos, casi automáticamente, a lo que sucede en medio oriente entre Israel y sus enemigos, o también a conflictos internos en países que, como Colombia y Siria, se desangran en una guerra entre hermanos.
Y en esos contextos ¿Quién no anhela la paz? ¿Quién no desea que las armas, las bombas, las minas, los misiles, se acaben? La mayoría de personas en cada país apoyamos y deseamos que se alcance la paz en cualquier guerra, pero lamentablemente en los casos donde ya se “ha firmado la paz” nos damos cuenta que todavía se habla de hacer la paz con las maras, pandillas y delincuentes de todo tipo. Se continúan haciendo marchas, conciertos, vigilias, oraciones por la paz. Basta con leer los periódicos de cada día para darnos cuenta que no vivimos en paz, ¿por qué?.
Personalmente creo que la razón principal de todo esto, es que no nos hemos dado cuenta que existe un conflicto, una guerra que cada ser humano en esta tierra tiene que resolver primero para poder estar en paz con todos los que le rodean. Es la paz con Dios porque el hombre por naturaleza rechaza a Dios y todo lo que representa.
Si le dicen que lo busque se opone, piensa que no lo necesita. Si le hablan de Jesucristo, su Hijo, dice  que no cree en “mitos o fábulas”. Prefiere negar que cree en Dios porque sus conocimientos y sabiduría lo colocan como un “ser superior” que todo lo consigue por sus propios méritos. Y en ese sentido, mientras estamos en guerra con Dios, nos creemos, nos hacemos “dioses” que todo podemos resolverlo por nuestra propia cuenta.
La paz entre los hombres es muy importante, pero primero está la paz con Dios y ésta solo se logra cuando llegamos a él arrepentidos reconociendo que lo necesitamos, le pedimos perdón y creemos en Jesucristo su Hijo (Efesios 2.14-16).

¿Soy cristiano?

jueves, 20 de septiembre de 2012


La palabra “cristiano” es muy común en nuestros días, tan común que se nos olvida o quizás algunos nunca lo han sabido, que cuando se utilizó por primera vez de forma despectiva, era para referirse a un grupo de hombres y mujeres valientes que un día fueron devorados por las fieras en el circo romano, o encendidos como antorchas para iluminar la ciudad, solo por ser fieles a quien les había heredado su nombre.
No necesitamos hacer un gran estudio etimológico para saber que el origen de la palabra cristiano es otra palabra, bastante conocida también, “Cristo”. Por lo tanto se refiere a uno que sigue a Cristo, que cree en él, pero especialmente que es como él, que vive como él. Y es que no se es cristiano por haber nacido bajo una religión, tampoco por participar en un grupo religioso, seguir algunas normas de conducta, o practicar ciertos ritos y tradiciones.
Llevar el título de cristiano no es tan agradable, o por lo menos no debería serlo, porque un cristiano no está de acuerdo o no se identifica con los parámetros de un mundo o sociedad que nada quiere con Dios y su Hijo Jesucristo. Un cristiano tiene que hacer la diferencia en el trabajo, el estudio, la familia y el vecindario. Un cristiano no se amolda a este mundo porque sabe que, en realidad, no es de este mundo y tiene un hogar permanente lejos de él.
Y por creer todo eso y expresar sus convicciones es rechazado, tildado de intolerante, retrógrado, ignorante, fanático, loco y mucho más. Un cristiano está dispuesto a morir por sus convicciones que le hacen ser fiel a quien un día entregó su vida por él en una cruz y le dio la oportunidad de llegar a Dios y relacionarse personalmente con él.
Entonces, ¿soy cristiano? ¿Es ud. cristiano(a)? No olvide estas palabras de Jesucristo “...viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios. Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí” (Jn. 16.2-3).

¿Responsabilidad de quién?

jueves, 13 de septiembre de 2012


Dice un estudio de la Organización Panamericana de la Salud que en Guatemala el 30% de
los estudiantes comienza su vida sexual entre los 11 y 16 años. Pero eso ya lo sabíamos, aunque sin tener los datos exactos de un estudio como ese. ¿Por qué digo que ya lo sabíamos? Porque basta leer los periódicos, ver la televisión y escuchar la radio, para darse cuenta que cada día más aumentan los casos de niñitas dando a luz a bebecitos como que fueran sus muñecos favoritos.

“Pero eso”, podría decir alguien, “es lo más normal del mundo, y ¿a quién le importa? ¿a quién le preocupa?”. Y esa actitud es lo más triste y lamentable que podemos tener ante tan cruda realidad. A todos nos debería preocupar, a todos nos debería importar, porque muchos, la gran mayoría, me atrevería a decir, de todos esos nuevos seres humanos que nacerán sin padre y casi sin madre porque ella necesita de una, son los que seguirán alimentado las filas de maras, pandillas y delincuencia que nos acosan diariamente.

Y podríamos extendernos también, para hablar de los daños físicos, sicológicos, pero especialmente espirituales, de todas esas niñas y niños que se ponen a jugar de papá y mamá de una manera tan lamentable para nuestra sociedad.

Las voces de los “expertos” apelan a las autoridades de educación, “es que el gobierno no ha implementado el plan de educación sexual que necesitamos”, dicen, “es su responsabilidad”. Otros abogan por la repartición de condones para “enseñarles a ser responsables”. Pero los únicos responsables aquí son los padres, a ellos les corresponde la educación, a ellos les corresponde guiar a sus hijos en el conocimiento de Dios y su Palabra.

Solo los padres podrán evitar esta gran tragedia si en verdad cumplen con su papel a cabalidad y responsabilidad. Son ellos los únicos encargados de guiar y orientar a sus hijos en el camino del bien, son ellos los que tendrán que responder a Dios por el papel que les encomendó. Entonces, ¿De quién es la responsabilidad?

Medio hombre medio máquina

viernes, 7 de septiembre de 2012


Pocos son los que en el mundo, hablando de nosotros la gente del común, conocen lo que ciertos científicos han llamado el proyecto “Cyborg”. Dicha palabra es un término en inglés que significa “organismo cibernético”, y es utilizado para designar a un ser vivo medio orgánico y medio mecánico. En principio el proyecto se trata de “mejorar” las capacidades del organismo usando la tecnología; entonces se podría definir al “Cyborg” como un “organismo mejorado” debido a la tecnología.
Todos hemos escuchado de los implantes que se colocan en el cuerpo, por ejemplo un marcapasos, o las prótesis para piernas, brazos, manos, ojos, y nadie puede negar que son una bendición para los que pueden tener acceso a ellas.
Pero el proyecto “Cyborg” va mucho más allá porque se trata de implantes que manipulan los pensamientos y hasta los sentimientos. Microchips que, colocados en el cerebro, son capaces de comunicarse con las computadoras, o que tienen toda la información de la vida de una persona. Se habla ya de los “hombres mejorados” que estarán por encima de los demás, incluso de erradicar definitivamente la muerte afirmando que la vejez es una enfermedad.
Y no es película de ciencia-ficción, está sucediendo en la actualidad. Ante esto recuerdo lo que la Biblia ha anunciado hace ya tanto tiempo “... Muchos correrán de aquí para allá y la ciencia aumentará” (Dn. 12.4) escribiendo el profeta Daniel acerca de los últimos tiempos, es decir, es algo que no debe sorprendernos o tomarnos por sorpresa. Tampoco que todos estos científicos se crean dioses con el derecho de “mejorar” lo que Dios ha creado, tratando de manipular la vida de los demás al servicio de los poderes económicos del mundo.
Que uno necesite un implante para mejorar de una enfermedad o permitirle vivir un poco más de tiempo es aceptable y comprensible, pero que se implante cualquier micro aparato para ser el “super hombre” o el hombre superior que se imponga frente a los demás “simples mortales”, a eso si tengo que oponerme, aunque sé que de todos modos avanzará y no habrá ser humano que lo detenga, solo Dios el Creador que les ha permitido crecer en ese conocimiento.
Con la tecnología de Blogger.