La segunda creación del ser humano

lunes, 28 de enero de 2013


La clonación de seres humanos ha sido uno de los principales retos para los científicos relacionados con la biología sintética, esto a pesar de que los intentos que se han realizado hasta el momento, primero con animales y luego con algunas células humanas, se podrían catalogar de rotundos fracasos.

Sin embargo, ahora nuevamente se habla de clonación, pero del hombre de Neandertal, una supuesta especie humana que precedió a la actual hace 20,000 años antes de Cristo. Según George Church experto en biología sintética de la universidad de Harvard, “una de las ventajas de clonar neandertales es que éstos, seguramente tendrían una forma de pensar diferente a la nuestra, algo que sería positivo para el futuro de nuestra propia especie”.

A decir de este científico, los Neandertales, al supuestamente tener una capacidad craneal superior a la nuestra, su forma de pensar nos resultaría beneficiosa. Más aún, al formar grupos podrían crear una nueva cultura y convertirse en una fuerza política. Podrían incluso llegar a ponerse de moda entre los padres de nuestro tiempo, es decir, escoger el Neandertal del momento, a su propio gusto.

Church habla de una segunda creación del ser humano, pero diferente a la primera, protagonizada por el propio hombre. Veo en esto, no solo un intento más del hombre en general de colocarse por encima de Dios, sino también una manera de intentar solucionar todo el caos, el dolor, el mal que el hombre siempre ha arrastrado desde que pecó contra su creador.

¿Será que el supuesto “nuevo pensamiento”, la supuesta “nueva cultura neandertal” nos haría hombres y mujeres mejores, sin odio, envidia, pleitos, celos, engaños, robos, asesinatos, etc? Definitivamente no, porque sería el mismo ser humano pecador, jamás una segunda creación del ser humano diferente al que ha existido.

Y es que solo existe una nueva creación del ser humano, y ésta también proviene de Dios, cuando nos crea nuevamente para la vida espiritual por medio de su Hijo Jesucristo. El sí nos hace hombres y mujeres nuevos porque nos ofrece su manera de pensar actuar y decidir, siguiendo sus enseñanzas y ordenanzas.

Que tire la primera piedra

sábado, 19 de enero de 2013


La confesión en televisión del famoso ciclista Lance Armstrong reconociendo, finalmente, que por años utilizó sustancias ilegales para ganar las grandes carreras del mundo, ha sido una de las noticias no solo más sonada en los medios, sino más comentada a todo nivel.

Y todos salimos a opinar y a condenar, “mentiroso”. “canalla”, “cínico”, “que vaya a la cárcel”. Otros lo toman solo como un ejemplo de lo que todos han hecho (hablando del ciclismo en este caso) pero que nadie se atreve a destapar.

La vida de Armstrong ya no es igual, realmente desde el momento que decidió hace años acceder a lo “que todos hacen” como un tipo de cultura en el mundo del deporte. Ahora le cambia más porque fue descubierto, porque pierde dinero, porque su fama ya no será de héroe, de ejemplo a seguir, porque su familia está sufriendo, ¡Cayó el gran dios de barro!

Desde el punto de vista espiritual, si nos damos cuenta, si reconocemos con sinceridad la condición de cada uno de nosotros delante de Dios, pronto descubrimos que todos estamos en el mismo nivel de Armstrong ante él. Por eso Jesucristo el día que los religiosos de su época llevaron a su presencia a una mujer que había sido encontrada practicando el adulterio, esperando que expresara su condena, su crítica, y más aún que tirara la primera piedra para ser lapidada, él solamente dijo “quién esté libre de pecado que tire la primera piedra”.

Y ninguno de nosotros, en este sentido, y diría también en el caso de Armstrong, está completamente libre de tirar la primera piedra, porque delante de Dios, todos somos igual de pecadores. En el caso de la mujer que llevaron ante Jesucristo, él sí tenía todo el derecho de lanzar la primera piedra porque la Biblia enseña que “no cometió pecado ni hubo engaño en su boca”, pero no lo hizo, le ofreció su perdón.

Entonces, en vez de lanzar la primera piedra es mejor que vayamos a Dios reconociéndonos pecadores, arrepentidos y a solicitar su perdón, y por experiencia le puedo asegurar que él se la dará como lo hizo con aquella pobre mujer.

Los deseos, anhelos y sueños del nuevo año

martes, 1 de enero de 2013


Lo más común en las primeras horas de cada año que inicia, es leer en periódicos y revistas las notas que alientan y animan a los lectores a cumplir todos sus deseos y sueños, lo que no se logró el año anterior.

Lo que leemos trata temas de todo tipo: Dejar de fumar, perfeccionar la habilidad culinaria, mejorar en la manera como se baila, el ser más ecológico, aprender las mejores formas de relajación para evitar el stress, comer más sano, aprender un idioma nuevo, ponerse en forma, ser más aventurero, que logremos la paz, que no haya más violencia y muertes,  y Ud. puede agregar las suyas. Pero, ¿Y los deseos espirituales? ¿Los anhelos de desear, esperar y lograr una verdadera relación con Dios?

Podemos buscar en todos los periódicos y revistas que encontremos en Internet  y en muy pocos, sino en ninguno, encontraremos alguna alusión a esos deseos, planes, propósitos, decisiones de mejorar en la relación con Dios. Y es que a Dios, desde hace ya mucho tiempo se le ha sacado de la vida de la gran mayoría de personas en nuestras sociedades. Aunque se mencione, aunque la mayoría se declara creyente, no ateos, aunque muchos practiquen alguna religión, Dios nunca está en el primer lugar en sus vidas.

Por eso, así a muchos nos les guste escuchar o leer esto, lo único que se puede esperar en cada nuevo año es más violencia, egoísmo, envidia, corrupción, odio, engaño, infidelidad, etc.  Se puede hacer fuerza para desear muchas de las cosas mencionadas arriba, hasta algunos pueden hacer oraciones y rezos para lograrlo, pero la vida continuará vacía, sin propósito verdadero, y al fin de año “corre  va de nuevo”.

Le invito a considerar seriamente a Dios en sus deseos de nuevo año, pero no de labios para afuera, sino con una verdadera convicción y decisión de abandonar todo lo que lo separa de él, que es arrepentirse de sus pecados y aceptar su perdón por medio de su Hijo Jesucristo. Créame, no hay otro sueño, anhelo o deseo que pueda superar lo que Dios nos ofrece por medio de su gracia y misericordia.



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