Vientos de recesión

sábado, 19 de octubre de 2013

Desde hace ya algunos años, muchos expertos en economía han advertido al mundo que nos acercamos a una recesión a nivel mundial. También se han escuchado voces de hombres de Dios anunciando, de una manera profética, sobre ese acontecimiento.

Y ahora, nuevamente el gigante del norte estornuda y todas las otras naciones comienzan a pensar en el virus de la recesión. En el año 2008 un banco en Estados Unidos entró en bancarrota y movió toda la economía del país y del mundo, por tratar el gobierno de cubrir el déficit de 500.000 millones de dólares y así poder pagar las deudas. Hoy también se habla de la posibilidad de que el propio país entré a no pagar su deuda que se estima en nada menos que 12 billones de dólares.

¿Se llegará a ese extremo? Es posible que nuevamente se revierta la situación por algún tiempo y todo vuelva a la “normalidad”, pero en el fondo creo que todos los expertos saben que llegará esa recesión tan anunciada. Si se habla de recesión todos estamos incluidos y seguramente pagaremos las consecuencias, y entonces los que decimos que creemos en Dios, que confiamos en él y le buscamos, tendremos que demostrarlo.

Jesucristo nos dejó muy claro en quién debemos confiar plenamente para nuestro sostenimiento y bienestar, el dijo Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mt. 6.33). Lo dijo en el contexto de hacer ver a los que le siguen, que no tendrían que afanarse por la vida, sobre la comida, la bebida y el vestido; ya que como Dios, el Padre celestial, le daba alimento a las aves y cuidaba de la naturaleza, así cuidaría de cada un de ellos.

Puede venir la recesión, y a los que seguimos a Cristo lo que de verdad nos va a sostener a todo nivel, es nuestra confianza total en que Dios es nuestro proveedor, ya que él sabe lo que necesitamos. Eso se llama fe y en esos momentos es cuando se demuestra.

Doctrina y Evangelio

jueves, 3 de octubre de 2013

Ya Francisco, sí, el papa, nos tiene acostumbrados a sus frases y una de las últimas que llamó la atención a la prensa es en la que dice que para él “lo primero es el evangelio y despúes la doctrina”. A muchos periodistas les sorprende esa frase, pero la verdad no es de sorprender viniendo del jefe de una iglesia que desde sus inicios se ha pasado por la faja las doctrinas de la Palabra de Dios.

Cuando ponemos en la lupa de la Biblia las doctrinas que ha promulgado la iglesia católica desde hace cientos de años, y lo hacemos con sinceridad reconociendo que es la Palabra de Dios, fácilmente nos daremos cuenta que poco o nada reflejan esa Palabra inerrante de Dios.

Lo que personalmente sí me llama la atención de esa frase es que está dicha en el contexto de querer fijar una posición con respecto al homosexualismo y el mal llamado matrimonio entre parejas del mismo sexo. Según francisco, (esto sin decirlo abiertamente) esa es una realidad a la que no se le debería dar tanta importancia, no debería preocupar mucho, no debería ser motivo de discusión para la iglesia (entiéndase católica).

Esto es como decir no nos metamos con la doctrina, con las enseñanzas claras de la Palabra de Dios al respecto, solo hablemos de Dios, de Jesús, sigamos nuestras liturgias y tradiciones porque esto solo nos trae molestias, discusiones, peleas entre nosotros, mejor mostremos el amor.

¿Pero, en verdad es posible separar el evangelio de la doctrina de la Palabra de Dios? Solo sería posible si lo que se menciona como doctrina son enseñanzas de hombres que no han tomado en cuenta esa Palabra. Porque en verdad, no hay evangelio sin doctrina, todo el evangelio, en realidad toda la Biblia, es doctrina, doctrina que Dios nos dejó para que la conociéramos, estudiáramos, practicáramos y respetáramos.

Las doctrinas de la Palabra de Dios son importantes ellas son la base del evangelio, si éstas no importan entonces no importa el evangelio, así de sencillo.
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