¿Consumo de bajo riesgo?

viernes, 15 de noviembre de 2013

¿Sabía Ud. que, hablando de drogadicción, existen ahora las “salas de consumo de bajo riesgo” o “centros de consumo supervisado”? Que son lugares donde los que se drogan lo hacen con toda libertad, sin ser molestados y a la vez son supervisados por médicos, enfermeras, asistentes sociales, siquiatras y educadores, para evitar sobredosis o contagios como el sida y la hepatitis.
Dichos centros funcionan ya hace algún tiempo en muchos países “civilizados y evolucionados” con el fin de ofrecer alguna solución para el problema del consumo y tráfico de drogas. Desde luego tienen sus restricciones, por ejemplo, la persona no tiene derecho a comerciar con la droga, y está prohibido al personal médico ayudar a administrarla. Tampoco se admiten a menores de edad, y cada persona lleva su propia dosis.
Según los creadores de esta ingeniosa idea así se evita que los consumidores molesten a los habitantes de la ciudad, o permite que todo se haga en condiciones de higiene óptimas para evitar contagios, también que algunos pueden ser motivados a dejar la droga y rehabilitarse.
Suena bonito, interesante y hasta altruista, pero ¿En qué ayuda esto para evitar el consumo, que es lo que finalmente mueve todo el sistema del tráfico con todos los males que ello conlleva? Así no lo quieran reconocer, definitivamente, en lugar de frenar promueve lo que tanto desean terminar los gobiernos en todo el mundo. ¿Consumo de bajo riesgo? ¿Para quién? ¿El drogadicto, el gobierno, las ciudades, los países? ¿Y los fondos de dónde vienen?
Así es el hombre alejado de Dios, siempre se las ingenia para seguir practicando sus maldades, seguir sus propios deseos, e incluso acabar con su propia vida o la vida de los demás. Hay que evolucionar, hay que acomodarse, dirían algunos, pero a eso Dios le llama pecado y solo tiene un resultado, la muerte.

La eterna juventud

domingo, 3 de noviembre de 2013

Parece ser que el asunto de la eterna juventud no es solamente un sueño antiguo en el que se pretendía encontrar una fuente, en donde al meterse en ella, se lograría revertir el proceso del envejecimiento. Hoy ese sueño, sigue tan vivito y coleando como hace cientos de años, y son los expertos en genética humana los que tratan de encontrar, no una fuente, sino un reloj interno en el cuerpo humano.

A decir de la comunidad científica, parece que ese reloj ya ha sido descubierto, y aseguran que es capaz de medir con precisión la edad de diversos órganos y tipos de células. Por ejemplo, les lleva a declarar que el tejido de los senos de una mujer envejece más rápido que el resto del cuerpo.

En teoría, el descubrimiento demuestra que es posible retroceder el reloj biológico del cuerpo y restaurarlo poniéndolo a cero. Pero realmente continúa siendo una teoría, algo que todavía no se comprueba con exactitud. Entonces, pregunto, ¿Por qué el afán, el deseo, la insistencia de no envejecer o vivir por más tiempo que el que Dios ha establecido para nosotros?

Dice la Biblia que “los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan y volamos” (Salmo. 90.10). Y si nos damos cuenta es el tiempo que la mayoría de los seres humanos cumple aquí en la tierra, y pueden llegar a ser muy fatigosos y molestos.

¿Quién deseará vivir 100, 150, 200 años, soportando todo el dolor, la pena, los sacrificios de una vida en medio de un mundo tan perverso y maligno, y con un cuerpo que de todos modos seguirá envejeciendo? Nuestro creador es sabio y nos creó para que “ese reloj” siga su conteo hasta los años de nuestra edad o un poco más, tal como lo declara su Palabra.

Y eso es maravilloso porque, a los que creemos en él y su Hijo Jesucristo, no nos permitirá vivir más de lo necesario aquí en esta tierra, y nos llevará a vivir con él por la eternidad. Allí sí se detiene el reloj, no para ponerse en cero y comenzar, sino para no funcionar nunca más.
Con la tecnología de Blogger.